La reconstrucción historiográfica de la Hermandad de Jesús de la Columna ha trascendido recientemente el ámbito de la tradición oral para fundamentarse en la evidencia documental, redefiniendo su estatus dentro de la nómina de las cofradías malagueñas. La importancia del hallazgo documental de 1682 es capital, pues sitúa a la corporación como la quinta institución nazarena más antigua de la ciudad. Este hito, fruto de las investigaciones de Llordén-Souvirón en el archivo de protocolos notariales, se localiza específicamente en el testamento de Sebastián Ramírez (folio 69 del legajo de 1682, escribanía de Bernabé Ruiz), donde el otorgante dispone ser amortajado con la túnica de la «Hermandad del Santo Cristo de la Columna de la iglesia de la Merced» y solicita la celebración de treinta misas ante la capilla propia de la corporación.
Desde una perspectiva de consultoría patrimonial, la relevancia de estos datos radica en la resolución de la discrepancia cronológica entre la fundación institucional y la ejecución de su imagen más célebre. La mención expresa a una capilla propia y al uso de túnicas en el siglo XVII demuestra una consolidación administrativa y devocional previa a la asunción del patronazgo por parte del gremio de herreros. Este sustrato fundacional mercedario sugiere la preexistencia de una efigie anterior, hoy desconocida, que permitió la estabilidad de la hermandad hasta su renovación artística a finales del siglo XVIII.

























